miércoles, 28 de junio de 2017

Orientación de la producción.

Consiste en determinar adonde quiere llegar el productor agropecuario y qué grado de aceptación tecnológica está dispuesto a aceptar y a poner en práctica para lograr este propósito.

Si logramos hacer entender al productor, que utilizando el uso de su tierra, de sus animales y potreros, de su infraestructura, de su recurso humano y de su capital disponible, llegará a establecer un nivel de producción económico y rentable, tras épocas y año tras año. Debemos decir al productor, que sus metas y propósitos se pueden lograr haciendo uso eficiente de los recursos que posee, sin necesidad de hacer grandes inversiones o modificaciones de las que ya tiene, logrando así una unidad de producción eficiente para él y para el país.

La obtención de una vaca productora de 5-8 litros de leche en lactancia de 240-280 días, o la producción de 40-60 kilos de carne por hectárea en densidades de 3 a 6 hectáreas por unidad animal, o el logro de índices de natalidad de 60 a 70%, no son metas imposibles cuando se manejan los recursos alimentarios, físicos y económicos siguiendo criterios basados en la necesidad que tiene el estado fisiológico, o productivo, de un animal en un periodo o momento determinado.

Selección de hembras y machos. Al orientar una unidad animal y fijarse metas productivas mejores, es necesario la compra de novillas y toros que tengan la fuente genética de mejoramiento que nos hemos propuesto.

Recordaremos en este punto las necesidades complementarias para alcanzar la calidad de los recursos alimentarios (pastos introducidos, tamaño y número de potreros), de los recursos físicos (corrales e instalaciones) y recurso humano (mano de obra especializada y tecnológica). Usualmente, nuestros ganaderos incrementan y cuidan el rebaño sin tomar en cuenta los diferentes recursos que se necesitan para manejar un animal mejorado. Lógicamente, al mejorar a un animal lo hacemos más productivo y por lo tanto más exigente y delicado.

La desatención y el crecimiento desordenado del rebaño, sin programación ni estabilización, repercute negativamente creando problemas nutricionales o metabólicos, que lo predisponen a bajas productivas, enfermedades y a muerte en muchos casos.

Estabilización del rebaño. Estabilizar un rebaño es estar consciente del máximo número de animales que pueden existir en una finca, con un recurso alimentario y económico disponible. En nuestras fincas, el 70% del componente del rebaño son animales hembras, que en un momento dado comienza a producir, creándose así una sobrepoblación que compite por subsistir.

Lógicamente llegará un momento que esta superpoblación origine problemas de mortalidad, o de enfermedades en el mejor de los casos.

Es recomendable sostener un número fijo de animales, e ir mejorándolos con la selección y eliminación de los menos productivos.

Mejoras y bienhechurías. Están referidas a todas aquellas actividades dirigidas a incrementar la productividad de las finca (mejoras), y a aquellas que faciliten el manejo del hombre (bienhechurías) y que necesariamente requieren de la inversión de capital.

Dentro de éstas podemos considerar como las más importantes los gastos de acondicionamiento de corrales e instalaciones, los gastos para el establecimiento y divisiones de potreros, para construcciones de fuentes de agua y sales minerales y para adquisición de animales para mejoramiento genético.

Todos estos gastos deben realizarse, parte con capital productivo por la propia finca y parte utilizando la cartera de crédito de la banca que disponga de partida para el financiamiento de estos programas.

Bibliografía

Sabino R, Luis R. Paquete tecnológico contra el Síndrome Parapléjico Bovino. pp. 35-36.

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